ADVIENTO – I

el poder de dios

¡VEN!

¡Ven,  Jesús!, 

decimos en adviento.

Yo lo digo a menudo

hace tiempo, mucho tiempo. 

¡Ven, Jesús!

Sé que estás,

mas no te siento.

¿Es “sentirte” lo que quiero?

No es estable la emoción

y el sentir es pasajero.

Lo que quiero, en realidad,

es dar pasos certeros

que me acerquen hasta ti.

Y ¿cómo?, me pregunto.

¿Sabes tú de esto? 

         Vete hacia tu hermano,

         dale vida y tu tiempo;

         tu sonrisa hoy precisa;

         y, tal vez, tu mano y tu talento. 

         ¿Su cara no te gusta?

         Es la mía.

         Si confundes 

         hoy mi rostro con el suyo, 

         sentirás mi compañía.

         ¿Es ardua la tarea? 

         Pero unidos,

         ¿reto hay que se resista?

         Tú da un paso…; no te cierres.

         Luego, la tarea ya es mía.

                                        (R.M.)

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